Sala I

Chocolate amargo 70 % y frutos rojos · La dama con abanico, Klimt | Sofiane Chocolatl

según La dama con abanico, Gustav Klimt · 1917–191870% cacao

$ 25.000

Lo último que pintó Klimt quedó en su caballete: un campo dorado donde crecen flores rojas, grullas y lotos. De ahí salió esta pieza — 70 % de cacao con fresa y mora, donde la acidez de la fruta sostiene el tanino en vez de taparlo. 65 g.

La caja lleva la obra. Dentro, la barra llega con un ornamento en relieve del repertorio de la casa: no reproduce la pintura, y cuál le toca no se elige.

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Descripción

Un cuadro de luz alta pide otra cosa

Un cuadro de sombras densas pide amargo tostado; uno de luz alta pide acidez. La dama con abanico es el cuadro más luminoso que Klimt pintó al final de su vida: un campo dorado donde crecen flores rojas, grullas y lotos, sin una sola sombra profunda.

Lo que ese cuadro pide es fruta. Fresa y mora, ácidas las dos, que levantan el 70 % y lo sostienen en la lengua en vez de cubrirlo. El cacao sigue estando adelante; la fruta trabaja en un segundo plano.

Por eso la fórmula es esta y no cambia. Pida esta obra dentro de un año y tendrá exactamente este sabor.

Dos frutos de altura

La mora y la fresa son cultivos de montaña fría, y de ahí viene su acidez: a esa altura la fruta madura despacio y conserva el ácido que en tierra caliente se pierde en azúcar.

Un dato que está en la tabla y vale leer: esta barra lleva menos azúcar añadido que su hermana de café — 20 g por cada 100, frente a 26,8. No es una versión aligerada, es que la fruta trae el suyo.

El oficio está a la vista

La barra llega con un ornamento en relieve, vaciado en su molde. No reproduce el cuadro.

Mírele el filo. Un chocolate correctamente atemperado se contrae al cristalizar, se desprende solo del molde y sale con el canto vivo y el brillo entero; uno mal cristalizado sale romo y mate, y no hay forma de disimularlo. El relieve le está informando, antes del primer mordisco, cómo se hizo el trabajo.

Cuál de los ornamentos en la barra le toca no lo decidimos nosotros ni lo decide usted, es al azar. Como en cualquier museo: lo que sale a sala no lo elige quien viene a verla.

Sobre la obra

Klimt la dejó en el caballete de su taller y murió en febrero de 1918 sin retirarla de ahí. Es lo último que pintó: una mujer de hombro descubierto contra un fondo que él armó con grullas, faisanes y lotos tomados del arte chino y japonés, del que era coleccionista.

El oro no es casualidad ni ornamento: Klimt aprendió a trabajar el pan de oro de su padre, que era grabador en oro. Esa técnica —aplicar una lámina finísima sobre una superficie preparada— es, en otra materia, lo que aquí ocurre con el molde y el vaciado.

En junio de 2023 el cuadro se vendió en subasta en Londres por 85,3 millones de libras, el precio más alto pagado por una obra en Europa.

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